Después de escribir su nombre, el de sus flores preferidas y el de sus seres más queridos; Reyes podrá escribir una palabra de reivindicación en la pancarta de una manifestación convocada para la defensa de los intereses en sus condiciones de trabajo.
Podrá leer palabras que han escrito otr@s en columnas de opinión de los periódicos, y podrá escribir las de su propia opinión. Podrá nombrar sentimientos que antes eran anónimas emociones no compartibles, y transmitírselos a quien ella quiera.
Reyes dudará de todo, se cuestionará todos esos cimientos de educación tan irrompibles en los que había basado su forma de vida. Se planteará hasta qué punto actúa por sí misma y hasta cuál por lo que le han inculcado.
Reyes empezará a pensar si de verdad es quién quiere ser, sentirá la necesidad de buscarse afinidades e intereses compartidos con la gente de su entorno, ampliar sus fronteras, hacerse oír, hacerse notar.
Reyes, seguramente, dejará de verse encadenada a la celda de su marido, no le consentirá ni una sola palabra más subida de tono, ni una agresión...
Se sentirá autosuficiente, querrá estudiar, formarse, saber de lo que siempre ha querido saber, no sentirse nunca más por debajo de nadie, se deshará de injustos sentimientos de culpa frutos de una sociedad que carga sobre la mujer el peso de todas las cargas familiares responsabilizándola de todos los errores y sin nunca jamás alabarla por sus logros, de una educación que sólo la enseña a culpabilizarse y a unir a este martirio social el suyo propio.
Reyes racionará todas las lecciones de entrega que ha recibido y le empezará a añadir nociones de cuidado personal, aglutinará palabras nuevas a su vocabulario, como “pedir”, “descansar”; descubrirá un nuevo derecho, a equivocarse sin reprimendas desmesuradas...
Reyes descubrirá una nueva realidad.
O no.
Ahí va otra historia. Si en vez de Reyes, habláramos de Mari Carmen veríamos que, a sus 64 años, esta mujer renuncia a muchas de las opciones que sabe que tiene por seguir haciéndose cargo de su marido.
O no.
Ahí va otra historia. Si en vez de Reyes, habláramos de Mari Carmen veríamos que, a sus 64 años, esta mujer renuncia a muchas de las opciones que sabe que tiene por seguir haciéndose cargo de su marido.
De ese marido que le sigue chillando en la cocina, que sigue vertiendo sobre ella toda su mierda y que sigue sobornándola con ese juego tan cruel de ser “su” mujer.
Mari Carmen recibió esa alfabetización en su momento, incluso trabajó para poder costearse el acceso a la universidad, superó unas oposiciones y consiguió una independencia económica.
Mari Carmen fue madre de cinco hijos/as, Mari Carmen pidió excedencias, Mari Carmen se reincorporó al trabajo. Mari Carmen se sienta todas las noches con el periódico por delante, Mari Carmen participa activamente en todas las iniciativas de su barrio; es punto de referencia para muchas personas que reclaman su ayuda.
Mari Carmen recibe el saludo y la sonrisa de todos sus vecinos. Mari Carmen está en continuo reciclaje formativo, transmite sus conocimientos a quien no tiene posibilidad de formarse.
Mari Carmen es heredera de los valores judeocristianos que tanta mella provocan aún en muchas personas de su generación. Por eso, Mari Carmen sabe perfectamente el enorme mundo de oportunidades que la vida le presenta, es perfectamente consciente de su potencial; no tiene las barreras de la ignorancia para acceder a cualquiera de ellas y, aún así, Mari Carmen sigue dedicando buena parte de su tiempo y de su energía en cuidar de su marido, a atragantarse con sus injustos reproches y a seguir escudándolo en una enfermedad.
Tanta parte de culpa tiene él por hacerla responsable como ella por sentírselo. Y también todas las personas de su entorno, que la admiran por la gran mujer que es según el baremo de lo mucho que es capaz de aguantar, de los carros y carretas que se echa encima. Las mismas personas que siguen viendo en su marido, a estas alturas, a un pobre hombre casi inválido rechazado por su familia, cuando años atrás tenían que llamar a la policía de madrugada porque los golpes que se escuchaban en casa de Mari Carmen no les dejaban dormir; que son capaces de juzgar y de “apoyar” esa decisión de Mari Carmen de total entrega a un hombre que no la merece ni de lejos.
Cuando años atrás la policía, para formalizar la denuncia, le decía que "sin sangre" no había pruebas de agresión y por tanto no prosperaría. La misma policía que cuando acudía a casa de Mari Carmen por una llamada desesperada le decían que no podían llevarse a su marido de su casa por mucha separación legal que hubiera formalizado porque, al fin y al cabo, ella era quien había vuelto a aceptarle en su casa.
Mari Carmen sabe reflexionar como la que más, tiene un espíritu crítico envidiable y una capacidad de comunicación pasmosa; participa de su ciudadanía con la energía de una quinceañera e incluso, a veces, ha tenido conatos de liberación.
Mari Carmen sabe reflexionar como la que más, tiene un espíritu crítico envidiable y una capacidad de comunicación pasmosa; participa de su ciudadanía con la energía de una quinceañera e incluso, a veces, ha tenido conatos de liberación.
Pero nunca han llegado a fructificar y siempre ha vuelto a perder amistades, a alejarse de sus hijos/as y a dejar proyectos a medias por readmitirle en casa, permitiéndole encima exigir un puesto de honor en la jerarquía familiar que aún hoy día se nos vende como la única y apropiada.
Mari Carmen se enfada, se frustra, se contradice y se muerde la lengua; pero finalmente agacha la cabeza, cierra los ojos y se deja seguir siendo enterrada en vida porque piensa que ése es su deber.
¿Es que la alfabetización ha fracasado en el caso de Mari Carmen? Porque ella accedió a mucho más que a los conocimientos de la simple lecto-escritura, y sigue siendo una esclava del sistema.
Mari Carmen se enfada, se frustra, se contradice y se muerde la lengua; pero finalmente agacha la cabeza, cierra los ojos y se deja seguir siendo enterrada en vida porque piensa que ése es su deber.
¿Es que la alfabetización ha fracasado en el caso de Mari Carmen? Porque ella accedió a mucho más que a los conocimientos de la simple lecto-escritura, y sigue siendo una esclava del sistema.
¿Es una renuncia voluntaria la de Mari Carmen a seguir avanzando en ese progreso? ¿Personal? ¿Coaccionada aunque ella crea que no?
Con todo el dolor que me provoca tener que reconocerlo, creo que sigue habiendo muchas más Mari Cármenes en el mundo que Reyes que consiguen su liberación a partir de empezar a leer y escribir.
Con todo el dolor que me provoca tener que reconocerlo, creo que sigue habiendo muchas más Mari Cármenes en el mundo que Reyes que consiguen su liberación a partir de empezar a leer y escribir.
Y es que contra el sentimiento de estar cumpliendo su papel de mujer (esposa y madre) que posee Mari Carmen tiene que luchar una alfabetización mucho más potente. Una alfabetización que sea capaz de dar la vuelta al planteamiento de que ser madre tiene que doler desde el parto, ya sea de un hijo de sangre o de uno adquirido con firma de sangre en el contrato del matrimonio.
Hoy día, Mari Carmen lidera sesiones de Educación de Personas Adultas para otras mujeres y seguramente que no se use a sí misma como modelo a la hora de hablar de la liberación de la mujer.
¿Por qué?
Hoy día, Mari Carmen lidera sesiones de Educación de Personas Adultas para otras mujeres y seguramente que no se use a sí misma como modelo a la hora de hablar de la liberación de la mujer.
¿Por qué?
Este texto se escribió en abril de 2006. Todos los hechos que narra son verídicos. El marido de Mari Carmen murió de un infarto algunos meses después.
Hoy día, Mari Carmen va a cumplir 76 años. Sigue gozando de buena salud y siendo una persona muy activa y emprendedora. Ahora hace las veces de segunda madre de sus nietos/as (nada menos que 7), viaja más que nunca (con sus hermanas, sus grupos de la parroquia, la asociación de viudas de médicos...) y sigue celebrando cada año la misa en honor a su marido, a quien recuerda sin una sola palabra de reproche.
Uno de sus hijos, el pequeño, ha empezado a entender lo que nunca entendió y relee este texto a día de hoy y sigue sintiendo cierta rabia, sigue pensando que Mari Carmen debió haberse ahorrado muchas de las situaciones que consintió a su marido, que él por mucha enfermedad mental diagnosticada que tuviera sabía que hacía daño, sabía muy bien dónde atacar y no siempre estaba "enajenado". Pero piensa que ya lleva 11 años muerto, aunque algunas noches vuelva a tener el sueño recurrente de que nunca murió de verdad y de que vuelve a casa.
Muerto más para bien que para mal, por duro que suene; pero intenta tampoco guardarle rencor porque si al fin y al cabo a la persona que más daño le hizo supo perdonarle tantas veces, ¿qué iba a conseguir él odiándole ya difunto?
El hijo de Mari Carmen conoció a Reyes haciendo las prácticas formativas en la biblioteca de un Centro de Educación para Personas Adultas y, a partir de entonces, empezó a encaminar su carrera laboral, en la que hasta entonces había estado bastante perdido por no tener muy claro a qué quería dedicarse.
Hoy día escribe este blog y sigue creyendo en el potencial de la palabra, de los textos escritos, de los testimonios recogidos en libros, o en blogs, o en cualquier otra plataforma digital. Sigue creyendo en la importancia de la democratización de la cultura para remover conciencias, para reducir desigualdades que se traducen en abusos de poder.
Quien escribe es, cada día que pasa, un feminista más convencido.
Relee sus palabras y le encanta ver cómo han evolucionado las cosas en los últimos años. Que ya no te piden sangre para denunciar en la comisaría. Que ya se contempla y se equipara el chantaje emocional, el control patológico, las conductas culpabilizadoras como "maltrato psicológico" y que es igualmente denunciable.
Pero siente que todavía queda mucho por hacer, que son muchas las mujeres que siguen atrapadas en una situación que no se atreven a enfrentar y que se silencian de puertas para adentro.
Por eso quien escribe se enerva cuando oye comentarios del tipo "no sé qué más quieren" o que "muchas se aprovechan de falsas denuncias para venganzas personales" y se le parte el alma cuando lee otra notica que engrosa el número de víctimas asesinadas a manos de sus parejas y llama a su madre por teléfono y, sin decírselo siempre, le transmite lo mucho que la quiere.
Quien escribe hoy ha comprendido que el machismo ha hecho mucho mal también en hombres como su padre, duelo que seguramente se llevará a la tumba. Pero el mal mayor sigue siendo en las mujeres y no se trata de una competición, se trata de una evidencia. Por eso, siguen haciendo falta medidas específicas de protección, acciones de discriminación positiva e instituciones enfocadas en exclusiva a ellas.
Ojalá llegue el día en que todo eso deje de ser necesario y el Día por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres se convierta en el Día de la Convivencia Pacífica e Igualitaria entre las PERSONAS.